Yewá


Orisha mayor. Vive dentro del cementerio, entre las tumbas y los muertos es la encargada de entregarle los cadáveres a Oyá. Es una vieja, considerada virgen, sumamente casta y que prohibe a sus hijos todo comercio carnal. En su presencia nadie puede desnudarse, ni tener amores o disputas y ni siquiera, hablar en voz alta o comportarse con rudeza. Sus servidores siempre son viejas, vírgenes o mujeres estériles. Se sube muy pocas veces. En esos casos mimetiza la acción de devanar o de hacer un atadijo con cordel, gracias a ciertos movimientos rotativos de los brazos.

Goza de gran prestigio, por sus oráculos y sus hijos se someten a la más rígida austeridad.

Particularmente adorada en Santiago de Cuba.

En el Diloggún siempre habla junto a Obba y Yansá.

Sus letras son Osa(9) Okana(1) y Oyekún.

Su número es el 11 y su día el viernes.

Su color el rosado.

ATRIBUTOS:

Tiene Otá, una muñeca, un cesto o una tinajita, siempre lejos de la que representa a Ochún. Vive entre nácares y caurís.

COLLARES : Matipós rosados.

ROPA: Viste de rosado, lleva bata ceñida con una franja de la misma tela y una corona adornada con muchos caurís.

ANIMALES: Chivas doncellas y también huesos de lechuza, pues como ella, anda por la noche. Palomas y gallinas de guinea.

YERBAS QUE LE PERTENECEN: - Marilope - Panetela

PATAKÍ DE YEWA 

Los framboyanes anaranjados y amarillos; los jagüeyes matizados de verdes y carmelitas; las ceibas cuyas ramas invocaban a Olofi; las rosas, las margaritas, las gardenias, las violetas; las pocetas con lirios que nadan en lo profundo del limo; los ríos con sus cataratas que formaban arco iris; los puentes imaginarios de chinas pelonas; las enredaderas tupidas y multicolores: así era el ambiente de pureza absoluta en el jardín del espacio infinito donde estaba el palacio de Obatalá y Yembó, orishas padres de todo el panteón yoruba. Su hija Yewá, bella entre las bellas, a quien al nacer se le habían entregado los dones de la pureza, la virginidad y la hermosura, paseaba su tranquilidad espiritual, vestida con sus colores preferidos: los tonos rosa, que tan bien venían a su angelical figura. Ella, quien no se relacionaba con nadie, vivía, etérea, dentro de los muros de la casa paterna, la cual abarcaba el universo con todos sus astros. En una reunión de orishas y awós, Changó comentaba lo poco virtuosas que eran las mujeres. Elegguá saltó, y contó de la existencia de esta virgen dulcísima, encerrada entre los muros de su jardín, no vista por nadie más que por sus padres. Changó, asombrado y picado en su vanidad de hombre viril, majestuoso y atractivo, decidió tentarla, con la picardía propia de sus muchas experiencias amorosas. Al día siguiente, escaló la tapia del jardín cuyas flores le sonrieron y ofrecieron sus pétalos en saludo al rey poderoso y vital que las acariciaba con su presencia. Los pájaros cantaban muy bajo. Esto llamó la atención de Changó, pues los pájaros siempre trinan alto en lugares intrincados; sin embargo, allí, todo estaba en calma. Sin poder precisar cómo ni cuándo, de repente se alborotaron los pericos, canarios, tórtolas y palomas, y sus cantos saludaron la llegada de una joven bellísima, quien flotaba al encuentro de la naturaleza. Las flores perfumaban su paso con sutiles aromas, las hojas se abrían para dejar caer ante ella el rocío de la noche, como alfombra de perlas. Changó quedó fascinado por el hechizo de aquella visión. Sin recordar los sabios consejos de Elegguá, se irguió ante Yewá quien, con los ojos bajos, rechazaba las vibraciones que le producía aquel joven que tenía delante. Changó le dijo: "Yewá, bella entre las más bellas, mírame, no temas". Ella, en ese instante de flaqueza, no pudo acallar aquel sentimiento extraño y cálido, y levantó la vista, para faltar así a la palabra dada a su padre. Lloró entonces de vergüenza y corrió a esconderse. En ese momento habla conocido el amor, emoción prohibida para ella. Seria su amor uno eterno e imposible. Decidió confesarle la culpa a su padre y cubrirse la cara con un velo para que nadie viera que había faltado a su promesa. Entonces, toda su ropa adquirió tonalidades de un rosa más profundo, y el mundo conoció por primera vez el rubor de la vergüenza. Obatalá, sabio entre los sabios, se dio cuenta, al ver a su hija,de que algo muy malo le sucedía. Yewá lloraba sin consuelo, pero austera y justa como era, se refugió en los brazos paternos y le contó lo sucedido con Changó. Obatalá quedó pensativo, pues en su reino y con sus hijos estaban sucediendo cosas que atentaban contra la moral establecida. Oloddumare se daba cuenta también y no aprobaba estas conductas. Como dueño de todo lo existente, había comentado a Obatalá que seria severo e implacable con el próximo que cometiera un acto de desobediencia. Yewá sabia ésto. "Padre -le dijo- cumpla con su deber. Yo sé que resulta penoso para usted, pero mi falta es irreparable. Que el castigo que se me imponga dure mientras haya un ser humano sobre la tierra". Entonces, Obatalá la condenó a no dejar ver jamás su rostro; a gobernar sobre el país de los muertos como la más alta autoridad, y a vigilar de noche sus dominios convertida en lechuza, dueña de las tinieblas, símbolo de la sabiduría y la soledad. Triste, Yewá partió al mundo de los silencios infinitos, al mundo de los muertos. En ese momento, temblaron las tierras, surgieron volcanes, las olas taparon las rocas, los rayos encendieron los bosques, el cielo oscureció, y con las lágrimas de Obatalá, furioso por haber mandado a su hija Yewá a la soledad del mundo de los eggun y de Ikú, se inundó el país de los orishas. 

CUBA 

Yewá es la deidad doncella por excelencia, dueña de las tumbas y miembro de la llamada trilogía de las dueñas del cementerio. Su color emblemático es el rosado, aunque se le atribuyen, también, todos los colores del arco iris. Se le representa por una mujer muy seria, reservada y totalmente alejada de toda actividad sexual. Se le sincretiza con Nuestra Señora de los Desamparados, Nuestra Señora del Monserrate, la Virgen de los Dolores, Santa Clara de Asís y Santa Rosa de Lima (en Cascajal, pueblo de la provincia de Matanzas). En la Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje no existe información y en Brillumba y Mayombe es Batolonqui y Muanalugue Mpanqui. En la Sociedad Secreta Abakuá tampoco existe información acerca de su sincretización. En el culto Arará es Yewá Afirimako y en el Cabildo lyesá es Yewá . 

HAITÍ 

Para los haitianos, Yewá es el Barón Cimitière, Simbi Cimitière o Maître Cimitière. Su función principal es cuidar los camposantos evitando los raptos de cadáveres y ayudando a los muertos a purgar sus penas. Si es una mujer la enterrada, la dueña pasa a ser la Baronesa Brigitte, también llamada GrandeBrigitte, esposa del Barón Samedi y madre de todos los guédé. Este personaje es dueño de todos los camposantos donde la primera persona sepultada haya sido una mujer. 

SANTO DOMINGO 

En este país se le representa por el Barón Cementerio, amo y señor de los camposantos, en los que reina de manera absoluta. Es el lúa más conocido en Santo Domingo, carece de representación antropomorfa y se le simboliza mediante una cruz. Todos los voduistas afirman que fue el primer muerto enterrado y las mujeres de San Francisco de Macorí lo invocan para amarrar maridos. Su color es el negro y su día los lunes de cada semana. A su lado, y formando una trilogía, están el Barón Samedi y el Barón Lacroix. Se sincretiza con San Elías, ya que, por su ropa negra y por haber sido arrebatado en vida de la Tierra, se convierte en especie de muerto vivo con poderes mágicos. El Barón Samedi tiene la apariencia de un empresario de pompas fúnebres y se le invoca con los siguientes epítetos: trois pelles y trois piquois. Semeja un hombre robusto a pesar de su barba blanca, viste levita y anda con un bastón de caña en una mano y una botella de clairin en la otra. Es un loa exigente, egoísta y receloso, y lo utilizan para eliminar a los enemigos y para remitir los muertos al Barón Cementerio. La función del Barón Lacroix es la de acompañar a los cadáveres hasta el cementerio. Suele serviste al lado de los perros que aúllan frente a las casas de los moribundos y su símbolo es una cruz de madera o de hierro forjado. 

CHANGÓ CULT DE TRINIDAD-TOBAGO 

No aparece información acerca de una posible equivalencia. 

BRASIL 

Se le conoce como Euá y, junto con Apó Oká, Yamaça Yamalé (madre de Xangó) y Oninlé, son iyabás en franco proceso de desaparición. Se le considera una de las hijas de lemanjá y es una divinidad del río de su mismo nombre en Nigeria. Perteneciente a los egbadó, su culto es celebrado en Brasil por algunas casas tradicionales del Candomblé. Es orisha valiente, guerrera y, como las madres de agua, asociada a la fecundidad. Algunos afirman que Euá es una serpiente femenina esposa de Oxumaré, relacionada con la franja blanca del arco iris. También la consideran hija o hermana de lansá y, en algunos terreiros, es asimilada a Oxum. Sus hijas tienen salud precaria, pero disponen de gran energía nerviosa. Son madres devotas, autoritarias y muy apegadas a sus hijos. Honestas y trabajadoras, luchan con coraje para ganar el sustento de la familia. Su otá se coloca en un recipiente con miel y aceite dulce, con la réplica en miniatura de un arpa. Se le ofrece millo con coco, boniato y plátanos fritos. Cuando se manifiesta, trae en la cintura dos arpones y en las manos una espada, una calabaza adornada con caracoles y paja de la costa, por cuyos poderes se hace invisible. Su collar es de cuentas amarillas y rojas y se le identifica con Nuestra Señora de las Nieves.

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Tratados de santeria, ifa y palo mayombe

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